miércoles, 2 de abril de 2014

IRRIGACION Y ESPACIO EN UN PUEBLO MEXICANO

Reflexiones de un pasado prehispánico
JAN A.J. KARREMANS
(Traducción libre de Manuel Sánchez Cruz, Manuel Sánchez Ramírez y Raúl Martínez Vázquez)

Izúcar de Matamoros presenta a los muchos forasteros que pasan por ella en su camino a los centros turísticos de Oaxaca, Chiapas o Yucatán, una imagen típica de una aculturada, más o menos moderna y muy cristiana, comunidad mestiza (1). Ni siquiera suficiente pintoresca para ameritar una visita prolongada. No es un lugar que un Antropólogo Mexicano, culturalmente educado, podría escoger para un trabajo de campo, pues la pobreza a simple vista, huelgas o actividades políticas la marcan como no interesante para el científico social “aplicado”. La mayoría de los pueblos y aldeas del campo mexicano comparten muchos aspectos de su cultura con un pueblo como el de Izúcar, pero permanecemos graciosamente ignorantes a los finos detalles de su existencia. Hay dos razones para este estado del problema. En primer lugar una tendencia existe entre los antropólogos culturales que estudian México a buscar el tiempo y de nuevo la compañía del indígena popular. Son considerados el único grupo exótico suficiente para garantizar una investigación de sus hábitos y costumbres. En segundo lugar esos pocos que si estudian una comunidad mestiza, muy a menudo lo hacen a un nivel más regional, restringiéndose ellos mismos a estudiar los aspectos políticos y socioeconómicos: pobreza, opresión o explotación son los temas principales. La religión, por ejemplo, es relegada si no considerada superflua. Hay unas pocas excepciones a esta situación, principalmente desde la primera mitad de este siglo (y tratando solamente en parte con las comunidades mestizas). En 1973 un estudio sobre el pueblo de Cholula apareció para investigar seriamente cosas de religión y administración tradicional, pero la falta de detalles comparado con los “estudios indígenas” es indignante (2).

Como consecuencia de este problema nuestro conocimiento del campo mexicano es muy escaso. Este artículo, es entonces, para mostrar las posibilidades de un acercamiento diferente. Más específicamente, trataremos de demostrar como la religión permea los dominios de los espacios políticos y agrícolas de la cultura de Izúcar de Matamoros. Mas allá de demostrar que sobre un nivel estructural estos varios dominios que son herederos de una tradición típica Mesoamericana.

Izúcar de Matamoros
El pueblo de Izúcar, con apenas 60,000 habitantes está situado en la parte centro oeste del estado de Puebla, sobre el filo de un caluroso pero fértil valle cruzado por varios ríos. La irrigación por canales hace posible dos o tres cosechas al año. Aparte de las principales siembras de maíz y caña de azúcar, una larga variedad de frutas típicas y otros productos tales como, arroz, son sembrados. En las partes del valle que no son irrigadas la tierra naturalmente es menos productiva. Pero las lluvias que caen de a mediados de mayo hasta mediados de octubre son usualmente suficientes para una seca temporada por año, consistiendo usualmente en maíz o frijol. Izúcar es el principal pueblo de una gran región del estado de Puebla. Organizaciones educativas y eclesiásticas son concentradas allí, y el hecho de convergen sobre los caminos a varias importantes partes del sureste mexicano, de allí que el comercio es una de sus mayores actividades. Ya en tiempos precolombinos fue un importatante centro urbano y un lugar donde los comerciantes aztecas recibían hospitalidad en su camino a las distantes partes de Mesoamérica. No es sorpresa que dentro de una década después de la conquista militar de México por los españoles, la Orden Dominicana construyo un monasterio en Izúcar para empezar la conquista espiritual en estas partes del país. En estos días no es muy común escuchar una lengua indígena en Izúcar, aparte de lo hablado por los pocos indígenas que vienen al pueblo, algunas veces por la perdida violenta, de tierra y trabajo en sus comunidades nativas. El mercado semanal el día lunes (no un día usual como el domingo, esto mismo es signo de importancia del pueblo) acapara vendedores y clientes de muchos pueblos, aldeas de esta parte del estado y de los estados vecinos de Morelos, Guerrero y Oaxaca. Un viajero puede descansar en uno de los muchos hoteles, ir al cinema y después disfrutar de diferentes burdeles. En conclusión, no hay razón para sospechar mucho del pasado precolombino al estar presente en este pueblo próspero. Pero debajo de la superficie se desenreda otro Izúcar. Un Izúcar que tiene una tradición que no solamente nos recuerda las culturas de la preconquista, sino que también contradice a esos investigadores quienes encuentran poco de importancia en comunidades labriegas fuera de la esfera de lo económico.

Divisiones espaciales
En un nivel espacial podemos distinguir en Izúcar varias divisiones, dos de las cuales trataremos en este texto: el centro con las partes externas del pueblo, barrios donde mayormente los labriegos viven; y en segundo lugar los siete barrios orientales y los siete occidentales (véase el mapa de acompañamiento). Estas distinciones son marcadas no solo físicamente por su localización, tipo de casa o vestido si no aun más en el ritual y en las varias formas de administración local. Como vemos la organización espacial está apenas relacionada con el comportamiento religioso y agrícola y también con la organización del tiempo. Para cualquiera que este familiarizado con las culturas Mesoamericanas la fusión del tiempo y espacio no es un tema común.
Representación esquemática de Izúcar de Matamoros. El nombre de cada iglesia es el mismo de todo el barrio; los números se refieren al orden de cada barrio en el sistema de irrigación. Las seis iglesias del centro no tienen número ya que no participan de este sistema.
La relación entre la parte central del pueblo y los barrios es muy a menudo antagónica. En actividad religiosa, intereses políticos, ocupaciones, niveles de educación, ingresos, y aun el vestir, la diferencia entre los dos grupos es bien marcada, no solamente por el observador fuereño si no también por los mismos miembros de ambos grupos. Aquellos del centro tienen un sentido de superioridad, el mismo que por ejemplo se muestran cuando están hablando acerca de un habitante de los barrios. Ellos entonces muy a menudo usan el termino barrieco (literalmente: persona que vive en el barrio), que tiene un fuerte significado despreciativo. En tiempos coloniales los españoles, mestizos y algunos negros e indios habitaron en el centro mientras que los barrios fueron exclusivamente indígenas. Una situación que fue impuesta y reforzada con medidas legales. El resultado de esta forma de planeamiento urbano sobre el presente día en Izúcar es interesante. En este texto nos concentramos en otra forma de organización espacial, la encontrada en los dos grupos de barrios (3).

Los barrios y su sistema de irrigación.
En el centro del pueblo, flanqueando el rio, los dominicos una vez construyeron el convento de Santo Domingo. Durante la colonia esta sirvió como parroquia de los indígenas, mientras la iglesia de Santa María era el centro espiritual de la gente de razón como eran los españoles y más tarde los llamados mestizos por ellos mismos. La Iglesia del ex convento aun funciona como la iglesia comunal de los barrios donde ellos establecen su punto de celebraciones. Cada uno de los catorce barrios también tiene su propia iglesia, el Santo Patrón ha prestado su nombre a todo el barrio. La gente que vive en cada uno de los barrios se siente obligada a este particular patrón para su prosperidad pero aun más para el bienestar de toda la comunidad. El sentimiento de pertenecer a un cierto barrio es muy fuerte y el orgullo de los miembros, por ejemplo sobre un particular adorno de su iglesia o santo patrón, en la ocasión de una fiesta religiosa, de las cuales hay unas pocas cada año. El mantenimiento del edificio de la iglesia es solamente un arreglo del barrio mismo, que también tiene que proveer la mayoría de parafernalia del cura que vive en el centro y que usa durante la misa.

Como una regla, cualquiera que viva en un cierto barrio es considerado un miembro de el, y una contribución a la exitosa empresa de un objetivo común, ya sea en efectivo o con trabajo, es mas o menos lo esperado. Las mujeres mas a menudo que los hombres pueden tener una lealtad a los dos barrios (en caso de que ellos se casen fuera de su propio barrio) como resultado de residencia patrilocal después del casamiento. Ellas podrían retener un sentimiento especial por el patrón del barrio en que nacieron, y servirán al santo en el barrio de su esposo.

Ordinariamente no hay una obligación estricta para proveer con las contribuciones mencionadas, salvo en el caso de un grupo muy especial de los miembros del barrio. Estos hombres, y algunas veces mujeres cuando ningún hombre en la familia es considerado viejo o de experiencia suficiente para ser la cabeza, son llamados usuarios o sirvientes. El primer término se refiere al hombre como un agricultor haciendo uso del agua a través de los canales del sistema de irrigación. El segundo termino se refiere a su rol como un miembro de la comunidad del barrio, que es a decir su obligación a servir al santo patrón en intercambio al agua de por vida. Dependiendo de la situación se hablará de cualquiera de los dos términos.

El número de usuarios por barrio es fijo, y ellos podrían aun referirse a ellos mismos cuando estén siendo discutidas cosas de irrigación, como los números. Tres barrios tienen la medida normal con 32 usuarios, uno es llamado barrio y medio y tiene 48 usuarios. Finalmente hay tres medios barrios con solamente 16 usuarios. Los primeros cuatro son llamados los grandes barrios, los otros tres los pequeños barrios. Los usuarios son las únicas personas en Izúcar con un titulo de irrigación del agua, heredado del padre al hijo mayor (4).

Fuera de este grupo de usuarios, cada barrio escoge su mayordomo (custodio de un santo en particular) del santo patrón. Esta es la tarea comunal más prestigiosa, así como los preparativos y cuidado de la fiesta anual del santo patrón, para hacerla celebrar con mucho esplendor como el mayordomo la pueda financiar. Cada barrio también seleccionará un usuario a ser su representante en la llamada Junta de Aguas de los Barrios Occidentales, la cual es junta de las aguas de los barrios occidentales que está hecha solamente de representantes de los siete barrios occidentales. Algunos miembros de la junta están activos diariamente con la distribución del agua y el manejo de quejas y preguntas.

Los conflictos con otros grupos en el sistema completo de irrigación, por ejemplo con los barrios orientales u otros pueblos, pueden ser llevados a las autoridades en la capital del estado. Los conflictos internos, y preferiblemente también aquellos con el bando oriental son tratados por la junta misma o en tratos o negociaciones con la junta de aguas de los barrios orientales. La mayoría de gente parece no estar disponible a gastar su tiempo y dinero en estas tareas. Específicamente el mayordomo se espera que gaste una buena cantidad de dinero en estas actividades, en camino a la celebración del santo y a la comunidad misma. Hay entonces un sistema de rotación que hace a cada usuario elegible a servir como mayordomo. Negarse a ello resultaría en la pérdida de sus derechos de irrigación de sus campos. “El agua es del santo patrón el provee al barrio de ella, entonces debemos servirle agradecimiento”. El barrio daría el titulo que se ha tomado de un usuario no cooperativo a otro de sus miembros. Si alguien tiene tierras pero sin titulo de agua (recordando que hay cierto número de títulos por barrio), el podría tratar de comprar el derecho a usar el agua de alguien que no la necesita. Esta podría ser una persona de otro barrio.

El comprador no adquiere algún titulo definitivo al agua, si no solamente el derecho a usarla por el periodo acordado. Esto podría ser desde un día a varios años, pero el vendedor de agua para irrigación sigue siendo responsable por el santo del barrio cuando llegue su turno. El grupo de cada barrio, entonces, es formado por esos hombres y sus familias, quienes participan en la agricultura y, como consecuencia de su derecho al agua, cumplen sus tareas religiosas. En orden para explicar las relaciones entre los barrios será necesario introducirse en algo mas detallado concerniente a la distribución del agua. El orden y la duración de la irrigación son fijos. El primero a recibir agua es el barrio de Santa Catarina, llamado la cabecera seguido por San Bernardino, La Asunción, La Magdalena, Santa Cruz Coatla, San Martin y finalmente Santa Cruz Tecoxco. Estos últimos tres son los llamados pequeños barrios, los primeros tres tienen 32 usuarios cada uno, y junto con la Magdalena (48 usuarios) son llamados los grandes barrios. La duración de la irrigación depende del número de personas que tienen titulo de agua en cada barrio. Cada uno tiene derecho a seis horas de agua cada vez que le toca su turno, independientemente de las dimensiones de sus tierras o la cosecha que haya sembrado. Un día es entonces dividido en cuatro partes iguales, como en tiempos precoloniales, empezando a las seis en punto de la mañana, cada parte es llamada un turno. Ya que cuatro personas tienen su turno en mismo momento, le sigue que 16 labriegos obtengan su agua cada día y noche. Un barrio como el de Santa Catarina entonces necesitara dos días y dos noches para satisfacer a sus 32 usuarios. Los pequeños barrios obtienen agua durante un día y una noche, mientras que La Magdalena recibe agua durante dos días y cuatro noches. El usuario que tiene un turno en el día obtendrá una vez cada once días sus seis horas de agua, un usuario con agua durante la noche obtendrá agua cada treceava noche. Entonces el ciclo total empieza un nuevo en el cientocuarentaycuatroavo día (11 x 13= 143 días).

Tiempo y espacio
El orden dado arriba de los barrios en el sistema de irrigación tiene su paralelo en varias actividades rituales. Considerando el importante simbolismo agrícola de la Cuaresma y la Pascua, daremos algunos ejemplos de estos periodos del calendario religioso.

En los primeros cinco viernes durante la Cuaresma uno de los siete barrios, cada vez uno diferente, se encargan de organizar varios rituales que en realidad pertenecen a la Semana Santa. De hecho en un corto periodo de tiempo toda la semana es escenificada. Los barrios vecinos visitan al que celebra, y juegan su papel en las procesiones. El primer viernes es celebrado por Santa Catarina, el segundo por San Bernardino, entonces viene La Asunción y La Magdalena, mientras Santa Cruz Coatla es responsable por el quinto viernes. Eso es exactamente el orden en cual estos barrios son irrigados. Durante la Semana Santa todos los barrios ponen un altar temporal pero altamente decorado en la iglesia comunal del barrio, la de Santo Domingo. Los barrios occidentales ponen el suyo a lo largo de pared occidental del templo, los barrios orientales a lo largo del muro contrario. De nuevo la misma secuencia prevalece. El primer altar temporal, cerca del altar mayor de la iglesia es puesto por Santa Catarina, el próximo San Bernardino, así subsecuentemente, hasta el último cerca de la entrada principal del templo, puesto por el barrio de Santa Cruz Tecoxco.

La responsabilidad para las celebraciones de la Semana Santa recae en un grupo de doce usuarios miembros de uno de los catorce barrios. Ellos representan a los barrios en cuestiones religiosas, a pesar de que su influencia es también notada en cosas de política. Cada año este grupo, llamado la Cofradía del Santísimo Sacramento, es seleccionado de un barrio diferente. El orden, que difícilmente puede ser una sorpresa, es el mismo descrito anteriormente para el sistema de irrigación. Por otra parte, la Cofradía va de unbarrio de la ribera oriental a un barrio de la ribera occidental, de regreso el próximo año va a un barrio oriental, etc. como se enlista enseguida: Santa Catarina, San Juan Coahuixtla, San Bernardino, Santo Tomas, La Asunción, Los Reyes, La Magdalena, Santiago Mihuacan, Santa Cruz Coatla, San Juan Piaxtla y entonces de nuevo, al barrio occidental de Santa Catarina. Estará claro que solamente cinco barrios de cada lado participan en este sistema de intercambio, los mismos que están obligados a celebrar uno de los cinco viernes durante la Cuaresma, y siguiendo el mismo orden. La Cofradía es un representativo de la comunidad de todos los barrios y juega un rol, junto con las dos juntas de agua, en la organización de acciones políticas conjuntas. El viejo convento podría en este caso servir como un punto de reunión.

Hemos vertido algo de luz sobre la relación entre irrigación y religión en un nivel temporal y espacial. Además, los barrios también muestran otras formas de organización espacial. No solamente son los siete barrios del lado occidental divididos en cuatro grandes barrios y tres pequeños, hay también una línea divisoria, formada por un camino, que los divide en cuatro barrios del norte y tres del sur. Sobre el lado oriental el resultado es un grupo de tres barrios del norte y cuatro del sur. Estos grupos muestran una tendencia al matrimonio endogámico y en la importante fiesta de Corpus Christi, un barrio representativo de cada uno de los cuatro cuadrantes pone un altar temporal afuera del templo en las esquinas correspondientes del atrio. El eje este-oeste además divide los barrios en dos grupos con una misma cantidad de usuarios: la parte norte tiene 2 x l6 + 2 x 32 usuarios y la otra mitad tiene 1 x 16 + 1 x 32 + 1 x 48 usuarios. Esto sirve a para reforzar la impresión de que el camino divisorio realmente funciona como un punto de referencia.

Como un ejemplo final de que tan importante la tendencia es para organizar la comunidad espacialmente, y como el número siete es por preferencia subdividido en tres y cuatro, lo siguiente nos servirá.

Tres de los siete barrios son conectados con un santo femenino: Santa Catarina, La Magdalena y la Asunción. Los otros cuatro tienen que ver con santos masculinos: San Bernardino, San Martin y los dos Santa Cruz, la sagrada cruz donde Jesucristo fue crucificado. Estos cuatro están dirigidos el este, mientras las iglesias femeninas esta orientadas hacia el oeste. Probablemente esto no es coincidencia si recordamos que en la cosmología precolombina esta fueron de hecho las direcciones cardinales de lo masculino y femenino respectivamente. Debe ser también recordado aquí que después de la conquista, los indígenas mismos fueron los constructores de nuevas capillas e iglesias, muy a menudo justo sobre las ruinas de los templos idólatras destruidos, lo cual explicaría la continuación de ciertas características precolombinas en edificios católicos. Estará claro de todo esto que los barrios están conectados a ciertos puntos en tiempo y espacio. Esencialmente el numero siete y sus partes constituyentes, los números tres y cuatro, han sido mostrados como juegan un rol en la organización del espacio (5). En el próximo párrafo mostraremos como otro número se refleja espacialmente.

El centro, en su relación con los barrios occidentales, nos provee con una forma interesante de organización temporal y espacial. Durante la mencionada Semana Santa, en la noche del Jueves Santo, miles de gentes de los barrios y el centro de Izúcar van a rezar enfrente de diferentes imágenes de Cristo en los templos, (todos los que tiene que ver con la Pasión) y de su Dolorosa Madre en siete diferentes iglesias: es la tan mencionada visita de los siete altares. Después de dejar algunas monedas, les es dado un pequeño cordón, pintado en colores diferentes en cada templo, que los ayudará en tiempos de enfermedades, especialmente de la garganta. Esto es una imagen del cordón que fue colocado en el cuello de Cristo. La gente usualmente lo usa alrededor de su cuello. Hay solamente seis iglesias en la parte central de la ciudad, entonces para completar la visita de siete altares los participantes van a la iglesia del barrio de Santa Cruz Tecoxco. Para esta ocasión es considerada como una iglesia del centro como las otras seis. Entonces podríamos decir que durante este periodo del año el centro tiene la misma cantidad de iglesias (y por lo tanto barrios) como los otros dos grupos que forman la comunidad de Izúcar: siete.

Aunque el número normal de iglesias en Izúcar podría no ser coincidente: en total son veinte. Este numero y sus múltiplos fueron de particular importancia antes de la conquista de México. Podríamos mencionar por ejemplo los 20 periodos de trece días, el mes de veinte días o aun que la capital azteca estuvo dividida en veinte barrios. Su importancia es atestiguada por su uso continuo en pueblos nativos, pero también en comunidades mestizas como Izúcar donde en el mercado muchos precios o la cantidad de artículos son dados en términos de veinte: 20 veinte pesos por una sandia o 75 pesos por veinte naranjas. Los siete mayordomos de los barrios occidentales deben tradicionalmente organizar un total de 20 fiestas religiosas cada año, a pesar en realidad de que ellos podrían dejar alguna fuera por falta de dinero o interés. Como una manifestación espacial de este numero encontramos que estos barrios son subdivididos en 40 manzanas (6).

Lo precedente podría ser un poco confuso en el sentido de que un asentamiento se compone de unidades pequeñas y es estructurado espacialmente por diferentes principios de orden. Un principio es la tendencia dualística que parece ser un rasgo recurrente en la organización espacial Mesoamericana (7). En Izúcar esto ocurre en diferentes niveles: Hay veinte unidades, dispuestas sobre dos lugares opuestos: centro y barrios. Los barrios, en su turno, están divididos en siete orientales y siete occidentales. Finalmente, los siete barrios occidentales están subdivididos en grupos de tres y cuatro, en varias maneras: el sur contra el norte, femenino contra masculino y pequeño contra grande.

Los Calpullalli
En la sección previa hemos visto como el tiempo agrícola y religioso (la irrigación y las ceremonias de Cuaresma) están relacionados uno al otro vía ciertos puntos en espacio, es decir los grupos localizados llamados barrios.

También hemos visto que ciertos números juegan un rol mayor en este orden, aun del centro en su relación a estos barrios. Nos hemos referido, en orden a reforzar nuestro argumento, al pasado precolombino de esta área. En los siguientes párrafos trataremos de indicar cual es exactamente la conexión con el pasado, en términos de espacio e irrigación.

Está claro por ahora que los barrios son las unidades básicas del sistema de irrigación. Las reglas que regulan este sistema son casi una completa reproducción de las reglas que gobernaron el sistema de los barrios comunales en las aldeas indígenas en el tiempo de la conquista, en los principios del siglo XVI. Uno podría concluir que el agua comunal debiera haber sido administrada en Izúcar en mucho de la misma manera como lo fue la tierra comunal. Mucho ha sido escrito sobre el tema de concesiones del manejo de tierra preespañola, especialmente la tierra comunal, pero no hay casi nada sobre los derechos del agua. Sobre bases de datos etnográficos recolectados en Izúcar durante algunos pocos años, esperamos llenar este espacio. Más particularmente, algunas de las preguntas planteadas por Palerm (1974:16) sobre el tema de propiedad del agua podrían tener aquí una respuesta tentativa.

El predecesor azteca del barrio moderno es el llamado calpulli (literalmente: la gran casa; en plural. calputin), término que aun en estos días sigue en uso en algunos lugares. Hay todavía un debate acerca de cuál fue el carácter preciso del calpulli, pero podríamos seguir de manera segura la descripción de van Zantwijk como siendo suficientemente general para cubrir si no todos, la mayoría los casos:

Como una regla los calpultin formaron unidades territoriales contiguas, habitadas por descendientes o afines de uno o más antepasados míticos o históricos. Ambos criterios el territorial y el de parentesco no siempre fueron aplicables. La obligación a un centro ceremonial particular es entonces la definición más general de pertenencia a un calpulli. (van Zantwijk 1977:154; cf. 1985:16-17, 82.

En Izúcar todos los tres criterios parecen jugar un rol, a pesar que ninguno de los tres es suficiente para considerar a alguien miembro de un barrio. Uno puede vivir fuera del barrio y aun así ser considerado un miembro activo. La tendencia endogámica enlazada con el bien conocido sistema del compadrazgo, tiende a hacer lo más posibles, pero ciertamente no a todos los miembros, parientes rituales. Desde que el barrio es personificado en su Santo Patrón es entendible que la persona quien un día vino vivir en el y quien consistentemente paga sus respetos a ese patrón, será considerado uno de sus miembros. Es también entendible que esas gentes que reciben de un barrio el derecho al uso de algo de su agua, se espera (con el castigo de de perder el agua si no lo hacen) que ellos cooperen para el Santo Patrón.

Regresemos atrás, al predecesor del barrio, el calpulli. De las muchas diferentes clases de propiedad de tierra una en particular ha recibido atención de los estudiosos del México prehispánico: la propiedad comunal, calpullalli (literalmente: tierra del calpulli). Esta tierra fue adueñada de tal manera que recuerda en alto grado la forma de propiedad del agua para irrigación en el Izúcar actual. Para hacer una comparación más fácil de las características del sistema calpullalli, que se distingue de otras formas de propiedad de tierra privada o comunal en el México Indígena, y las del sistema de irrigación se presentan las columnas correspondientes:

Calpullalli
Agua para irrigación
1. Tierra propiedad del calpulli
1 El agua es propiedad del barrio;
2. Calpulli administra el derecho
2 El barrio administra el derecho a usar el agua para irrigación;
3. El derecho es dado a un miembro del calpulli;
3 El cabeza de la familia recibe este derecho, preferiblemente alguien del barrio;
4. El derecho es heredado o regresado a las autoridades del calpulli;
4 El derecho es heredado, preferiblemente por un hijo o en custodia por una viuda;
5. Hay una obligación para trabajar la tierra, si no el calpulli quita el derecho y redistribuye la tierra;
5 No hay obligación para usar el agua por sí mismo, pero venderla no es apreciado;
6. La cosecha pertenece a quien la cultiva;
6 La cosecha le pertenece al usuario del agua;
7. Algunas porciones de la tierra fueron cultivadas comunalmente para pagar a las autoridades y las instituciones del calpulli;
7 Algunos turnos son reservados para el mayordomo del santo patrón o para la iglesia del barrio directamente;
8. Los miembros del calpulli contribuían a:
*trabajo en la tierra comunal,
*tributo en forma de productos y servicio personal para el señor,
*servicios religiosos y administrativos
8 Los usuarios cuidan de:
*Mantenimiento y limpieza de loscanales
*tareas políticas y religiosas obligatorias en el barrio como flores y velas para la iglesia. Si estasactividades no se realizan el barrio
podría quitar el derecho al agua.

De fuentes tempranas coloniales es sabido que el sistema de irrigación de Izúcar data desde antes de la llegada de los españoles, que capturaron el pueblo en septiembre de 1520 con la ayuda de aldeas indígenas vecinas. Del párrafo precedente se deduce que la forma en que el sistema trabaja, también viene desde un tiempo atrás. Podríamos entonces concluir:

  1. Hay una íntima relación en el nivel especial y temporal entre el sistema de barrios y el sistema de irrigación.
  2. Ambos sistemas tienen una estructura prehispánica.
  3. El sistema barrio encuentra su expresión en el comportamiento religioso.
  4. Estos tres aspectos están relacionados uno al otro en una manera directa: la relación entre barrios y religión existe por definición mientras la relación entre barrios e irrigación es directa en el sentido de que uno es dueño del otro. Para ponerlo en otras palabras: los barrios en Izúcar existen solamente como unidades distintas porque tienen su propia iglesia y porque tienen sus propios derechos al agua. Finalmente irrigación y religión están conectadas simplemente por el hecho de que el santo provee el agua, los usuarios son por consecuencia los titulares de los oficios religiosos.
  5. Por otra parte, las relaciones temporales y espaciales entre religión e irrigación van a ser encontradas meramente en el nivel del modelo indirecto; alguien podría decir: a través de los barrios como una categoría intermedia.

Observación final
La naturaleza del comportamiento religioso y pensando en Izúcar es, a un cierto punto prehispánico, lo cual no es esperado en una comunidad que es completamente mestiza. Como ha sido explicado, lo mismo aplica al sistema de barrios que al de irrigación. Todos los tres sistemas son expresiones de un mismo núcleo cultural subyacente, el cual hace las interrelaciones entre ellas posibles y a un cierto grado explica la naturaleza que las varias relaciones toman:
Casi no tenemos información cultural específica sobre la comunidad de Izúcar en los días en que era conocida como Itzocan, antes de la conquista. Asumiéndolo como parte de un campo de estudio antropológico (8), por ejemplo Mesoamérica, y por consecuencia extrapolando elementos de la llamada cultura Mesoamericana a la cultura de Izúcar en la víspera del arribo de los españoles, ha sido posible mostrar las conexiones de la comunidad actual con la Itzocan antigua.

NOTAS
  1. La investigación en la cual está basado este texto ha sido posible gracias a la Fundación Holandesa para los Avances de la Investigación Tropical (WOTRO).
  2. Guillermo Bonfil Batalla, 1973.
  3. Véase para un más completo análisis de la relación entre centro y barrios: Bonfil Batalla, 1973, pp. 277 ff.
  4. Hace dos décadas todo el sistema sobre lado oriental fue atacado por una agencia agraria gubernamental, con la ayuda de unas pocas gentes de los barrios orientales. Los usuarios de este lado se vieron ellos mismos forzados a alterar en muchas maneras el sistema de rotación de su agua. Como resultado de lo anterior la descripción dada en el texto no aplica en varios detalles a la situación en la cual los barrios orientales se encuentran ellos mismos hoy. Esto, de todas maneras, no cambia la relevancia de las conclusiones principales para ambos lados del rio.
  5. Hay muchos ejemplos del uso del número siete para divisiones territoriales y sociales. La capital de Imperio Azteca se formaba de 20 barrios, pero siete de estos fueron los originales. Al asistir con su señor en Texcoco los catorce jefes regionales estaban sentados a lo largo de las paredes opuestas en dos filas de siete. La capital tolteca Tula y las seis provincias interiores fueron conectadas con siete provincias del exterior (Zuidema 1965 : 114 -6). Redfield (1941: 69-70) y Lewis ( 1960: 50) encontraron una subdivisión de siete en dos grupos de tres y cuatro barrios en el pueblo de Tepoztlán. Para ejemplos más en concreto véase Nutini (1961:62 ff), Muller (1973:37), Piho (1975:297).
  6. El numero veinte, además de sus funciones en Izúcar, denota periodos de tiempo. Aunque este número también jugó un rol en la doctrina Cristiana, su continua ocurrencia en Izúcar y en otras partes de México se debe a la importancia dada a éste por muchas culturas Mesoamericanas. El uso español de ese número solamente sirvió para reforzar más la posición de este elemento. Véase para una discusión de este tema: Karremans, 1984 y 1985.
  7. Véase por ejemplo Kubler (1968:123 ff).
  8. El significado e historia del concepto “Trabajo de campo de estudio antropológico” y el concepto relacionado de “núcleo cultural” son tratados en algunos de los otros documentos en esta compilación, véase especialmente el articulo de de Ruijter. En algunas instancias el termino más antiguo “Trabajo de campo de estudio etnológico”, es usado con significado idéntico.
BIBLIOGRAFÍA
  • Bonfil, G. (1973) Cholula; la ciudad sagrada en la era industrial, México: Universidad Nacional Autónoma de México.
  • Karremans, J.A.J. (1984) ‘Kerstmis als drama op het Mexicaanse platteland. Deel 1: de etnografische gegevens’, Wampum 1, 2/3:89-99. --, (1985) ‘Kerstmis als drama op het Mexicaanse platteland. Deel 2: analyse’. Wampum 2, 1; 8394.
  • Kubler, G. (1968) ‘La traza colonial de Cholula’. Estudios de Historia Novohispana II; 111-127.
  • Lewis, O. (1960) Tepoztlan, Village in México, New York: Holt, Rinehart & Winston
  • Müller, F. (1973) ‘El origen de los barrios de Cholula’, Boletín del INAH, época II, 5; 35-42.
  • Palerm, A. (1974) ‘A manera de presentación’, in: T.Rojas, R.A. Strauss, J. Lameiras (eds), Nuevas noticias sobre las obras hidráulicas prehispánicas y coloniales en el Valle de México; 7-17, México; SEP/INAH.
  • Piho, V. (1975) ‘La confirmación de los señores de Calpan’, in:XIII Mesa Redonda de la Sociedad Mexicana de Antropología: Antropología Física, Lingüística, Códices; 295-300, México.
  • Redfield, R. (1941) Tepoztlan, a Mexican Village. A Study of Folk Life, Chicago; The University of Chicago Press.
  • Zantwijk, R. van (1977) Handel en Wandel van de Azteken. De sociale geschiedenis van voor-Spaans Mexico, Assen/Amsterdam; Van Gorcum. --, (1985) The Aztec Arrangement, Norman; university of Oklahoma Press.
  • Zuidema, R.T. (1965) ‘American social systems and their mutual similarity’, Bijdragen tot de Taal, Land en Volkenkunde 121, 1;103-119.
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sábado, 29 de marzo de 2014

Festejos en honor a Santo Domingo de Guzmán en Izúcar

Cada 8 de agosto, Izúcar es protagonista del que pudiera ser su principal festejo religioso del año, este día ha sido elegido como el día mayor dedicado al culto de Santo Domingo de Guzmán, quien fuera fundador de la Orden de Predicadores, más conocidos como dominicos; la sede del homenaje es el ex convento y ahora parroquia que lleva el nombre de este Santo ubicado en el centro de la ciudad.

Esta celebración, influenciada en sus orígenes por los frailes, es una de las más arraigadas para los habitantes de los barrios y colonias. La causa es porque hace tiempo la ciudad contaba con dos parroquias: la de Santa María de la Asunción, considerada de españoles; y la de Santo Domingo de Guzmán, considerada de naturales. En aquél tiempo, a esta última acudían la mayoría de las personas de los barrios, por lo que a pesar de que en el año 1904 el arzobispado declaró cómo única parroquia de Izúcar a la de Santa María de la Asunción, ellos continuaron considerando al templo de Santo Domingo de Guzmán como su parroquia. Este fervor y respeto origina uno de los eventos más importantes de nuestro municipio.


La feria de Santo Domingo de Guzmán, como se denomina comúnmente hoy en día a esta festividad, ha conservado muchos rasgos característicos de sus orígenes. En las líneas siguientes solo describiré algunas de las actividades que se efectúan actualmente y de las cuales he sido testigo; ampliando un poco la narración, en la medida de lo posible, con datos de algunas fuentes de información disponibles.

Comúnmente, las celebraciones religiosas y no religiosas inician desde una semana antes del día mayor, organizadas primordialmente por un comité itinerante surgido de un barrio específico de Izúcar. En los primeros días de agosto, los puestos de pan, dulces, artesanías, comida típica y algunos juegos mecánicos se instalan en la explanada lateral del ex convento; otros más en las inmediaciones del mismo, sobre la calle Benito Juárez y un pequeño tramo de la calle Reforma. A parte de esto, algunas agrupaciones musicales y equipos de sonido se apostan en el atrio para amenizar las tardes con la música popular para el disfrute de los visitantes.

Otro atractivo más de esta feria es la llegada de “Los Voladores”, quienes efectúan La Danza del Volador sobre el asta de metal ubicada frente a la iglesia. Su participación tiene aproximadamente más de 30 años; cabe mencionar que habitualmente estos danzantes cargan la figura de Santo Domingo de Guzmán en la Solemne Procesión del 8 de agosto.

Algunas actividades religiosas que se realizan durante la semana de fiesta son la celebración de misas, rosarios, comuniones y confirmaciones. Además, como cada año, el templo recibe las esculturas e imágenes de los Santos Patronos de los 14 barrios, algunas colonias y juntas auxiliares como San Juan Raboso, San Sebastián Putla, Santa María Tatetla, Agua Escondida, San Martín Alchichica, San José Las Bocas, San Isidro, San Mateo Matzaco, San Felipe Ayutla, San Nicolás Tolentino y Santa María Xuchapa. Como una muestra de respeto y devoción, cada uno de los Santos y su gente arriban en peregrinación el 7 de agosto, aunque algunas veces alguna representación llega con más anticipación. El desfile de estas comunidades es acompañado frecuentemente por música, cohetes y en ocasiones por alguna danza tradicional como Los Chinelos, Los Huhues, Los Doce Pares de Francia o Los Tecuanes, entre otros. Cuando una procesión alcanza las puertas de la iglesia es recibida con el repique de las campanas. Una vez asentados dentro, cada comité crea y engalana un pequeño altar para ser visitado por los cientos de devotos que acuden al santuario de Santo Domingo. La venida de los Santos Patronos en la víspera del día mayor es una tradición muy antigua; para los creyentes representa la unión y fraternidad entre los pueblos depositada en un mismo lugar: Santo Domingo de Guzmán.

El 7 de agosto es un día con mucha afluencia de personas, quienes disfrutan los eventos religiosos, el espectáculo de Los Voladores, las danzas tradicionales, las agrupaciones musicales, los juegos mecánicos y la pirotecnia, entre otras cosas que se presentan en el transcurso de la jornada y que terminan hasta tarde; sin dejar de lado a los comercios típicos.


En el día mayor, los festejos comienzan en las primeras horas con las mañanitas, seguido por la Misa Patronal efectuada regularmente por el arzobispo de Puebla, en la cual cada comunidad recibe simbólicamente de Santo Domingo de Guzmán una ofrenda de pan, fruta y flores; estos objetos son colocados en el altar de cada Santo. Más tarde se realiza el Santo Rosario para después seguir con la Solemne Procesión que recorre las principales calles de la ciudad y en la que participan todos los Santos Patronos con sus fieles; Santo Domingo marcha siempre al final de esta peregrinación. En la fotografía anexada a este artículo puede observarse el orden de participación de las imágenes en el año 2013.

La Solemne Procesión concluye en el atrio del ex convento, donde el sonido de las campanas anuncia su llegada; al término de la misma, cada representación se despide de Santo Domingo de Guzmán y parte de regreso a su comunidad marcando el fin de la solemnidad religiosa de esta festividad. Durante el resto del día, la parroquia continúa recibiendo multitudes de gente fervorosa que muestra su afecto y devoción cuando está frente al sagrario principal; paralelamente en sus alrededores persisten las diversas atracciones de luz y sonido descritas en párrafos anteriores.

Esta feria finaliza comúnmente el 9 de agosto. En esta última jornada no se llevan a cabo actos religiosos de gran importancia, lo más sobresaliente es el arribo continuo de grandes masas de personas que visitan el santuario. Además, aún es posible disfrutar de espectáculos musicales y pirotécnicos.

Para culminar este artículo, queda mencionar que el templo de Santo Domingo fue elevado a parroquia en el año 2012, al margen de sus 400 años de existencia, ahora Izúcar cuenta con tres: La Parroquia de Santiago Apóstol, la Parroquia de Santa María de la Asunción y la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán.

viernes, 28 de marzo de 2014

Santiago Apóstol, vida y leyenda

Copilación, Dávila.

Santiago el Mayor, cuya imagen es venerada en este santuario de Izúcar de Matamoros, fue uno de los doce apóstoles de Jesucristo. Nació en el poblado de Betsaida, en Galilea y era hijo de Zebedeo y Salomé y hermano de San Juan Evangelista. Tanto su padre como él y su hermano Juan, eran pescadores en el lago de Tiberiades cuando Jesús los escogió como sus apóstoles.

Debido a su carácter fuerte y decidido, Jesús llamó a los hermanos boanerges (del griego, Hijos del Trueno). Con San Pedro y San Juan, Santiago tuvo el privilegio de contemplar la transfiguración y agonía de Jesús en el huerto de Getsemaní.
Diversos testimonios señalan que después de Pentecostés el Apóstol Santiago predicó en diversas partes del sur de Europa, principalmente en España donde de acuerdo a una tradición Santiago regresaba a Jerusalén triste por no haber logrado la conversión de España, en el camino se le apareció la Virgen María sobre un pilar de una construcción en ruinas, preguntándole por qué regresaba triste y ordenándole que volviera a España, Santiago regresó logrando una conversión general en la península Ibérica. De ahí la advocación de la Virgen del Pilar.
Una vez convertida España, Santiago regresó para ser decapitado en tiempo de Herodes Agripa rey de Judea hacia el año XLIV. Fue el primero de los Apóstoles en ser martirizado. (He. 12, 1-2).
La misma tradición afirma que su cuerpo fue trasladado a la localidad Gallega de Iria. Durante los conflictos sociales y políticos de ese tiempo en España, el cuerpo de Santiago se perdió, siendo descubierto hasta el siglo IX, durante el reinado de Alfonso II El Casto de Asturias, por el obispo Teodomiro. En el lugar donde fue hallada su tumba, se edificó la catedral de Santiago de Compostela, importante centro de peregrinación durante la edad media a través del camino de Santiago.
Durante la reconquista de España, en poder de los moros se dice que Santiago apareció en la legendaria batalla de Clavijo, de donde proviene su representación de Santiago Mata Moros, montado a caballo blanco con armadura, un estandarte con una cruz y una espada en la mano, causando pavor y muerte entre los ejércitos moros, de ahí la representación que se da en España al Apóstol Santiago, misma que conocemos.
Durante la Evangelización de las tierras de Itzocan, los dominicos construyeron el Templo de Santo Domingo, el cual no contaba con capillas abiertas para los indios, razón por la cual los españoles edifican el tempo de Santiago Apóstol en el que fue el barrio del actual Santiago Mihuacán, una iglesia de la cruz y una sola cúpula.
El historiador Silvestre Antonio Bobadilla nos dice en su libro Itzocan: “Para los españoles que, andando el tiempo, eligieron su parroquia especial cuyos libros de bautizo se han conservado desde el año de 1647 seguramente fue establecida en el año de 1641 por el obispo de Puebla, el venerable Juan de Palafox y Mendoza (1640-1649) quien, por orden del virrey, quitó muchas doctrinas a las órdenes religiosas para sustituirlas por parroquias seculares.
El nombre de esta parroquia de españoles no consta de los libros del archivo parroquial, pero según la tradición y otras fuentes, estuvo en el templo de Santiago. A esta parroquia perteneció el ingenio de San Juan Bautista de Atotonilco, comúnmente llamado Raboso.
La actual parroquia que tiene la advocación de Santa María, se dedicó probablemente en 1791, pues en ese año, y después, la parroquia de españoles se titula Santa María de Izúcar”.
La escultura fue elaborada por un escultor cuyo origen se desconoce, utilizando maderas de naranjo para la escultura de Santiago y madera de mamey para la escultura del caballo, ambas de los árboles frutales de los barrios.
A continuación presentaremos un fragmento de la leyenda de la poetiza Josefina Esparza Soriano, con la que participó en el concurso de cuento y leyenda poblana con el seudónimo Comarcano:
Hace mucho, pero muchos años, perdida la fecha entre los márgenes del tiempo; pero en el apogeo de la época colonial se construyó la iglesia donde se conmemora al señor Santiago, dado que ya eran muchos los sacerdotes que añoraban la presencia del señor de Compostela en este rinconcito de Puebla, que en toda la Nueva España se construían iglesias para el culto de la religión católica, por aquella época, llegó a la bella Izúcar un sacerdote emprendedor como todos los que llegaban de la Península Ibérica y con su docta palabra pronto convenció a los lugareños que ese hermoso templo recientemente construido, debía ser dedicado al Señor Santiago, del que era ferviente devoto.
Citó a todos los escultores distinguidos de ese lugar tan abundantes en todo tiempo y le hizo la encomienda de esculpir la imagen del Señor Santiago.
Dio a todos, los datos precisos: debía montar un brioso caballo, pues había sido caballero de capa y espada y en su rostro debía reflejar la pureza, bondad y distinción de su abolengo.
Uno a uno fueron desfilando los escultores que debían plasmar la imagen del Santo, pero el no ver su obra consumada tal como debía ser, se retiraron a esconder su fracaso a otros lugares, pues a algunos les quedaba un horrendo caballo con jinete monstruoso, a otros de los escultores les quedaba un rostro feminoide impropio de la valentía de un caballero, otras más presentaban un jinete gigantesco sobre un caballo ridículo por su pequeñez, en fin nada, nada de lo que hacían los más renombrados escultores de la comarca salía a la medida de las necesidades.
Cuando ya el sacerdote aquel se mostraba desolado porque nadie sabía interpretar aquella imagen, cierto día en que el joven sacerdote ya había perdido toda esperanza de entronizar en ese hermoso templo barroco la imagen soñada, se presentó un hombre misterioso, pidió hablar largo rato con el clérigo y por fin lo convenció de que él o sea el desconocido era la persona indicada para hacer la escultura ya que todos deseaban, pues el templo y sus altares ya estaban terminados.
Una vez terminado de hablar el escultor, el sacerdote le señaló la sacristía recién estrenada para la realización de su obra, cerró herméticamente la puerta, como lo había pedido el escultor y se retiró a desempeñar sus habituales ocupaciones.
Por fin, ¡oh milagro! El sexto día se destrozó la expectativa… ¡desmedida sorpresa! Ante sus ojos se descubrió el velo del misterio. Ante él y algunos curiosos, estaba la majestuosa imagen del santo tantas veces deseado, como una soberbia aparición, el caballo más hermoso de la creación sostenía el Señor Santiago pleno de belleza… Por algunos minutos quedaron absortos ante este magnífico espectáculo, que no repararon en la mano que había realizado el prodigio, hasta que una vez que volvieron a la realidad buscaron sin éxito por todos los rincones de la iglesia, como para entonces ya la noche había tendido su manto de estrellas, con grandes mechones buscaron por todo el vecindario, donde ya la noticia se había extendido, pero el misterioso escultor no fue encontrado por ninguna parte. 
La ciudad de Izúcar de Matamoros fue el polo de atracción de grandes caravanas de creyentes, que visitaban el lugar para dar fe del milagro realizado, los que conocieron al extraño escultor notaron que el santo tenía las mismas facciones, no había la menor duda; fue el mismo Señor Santiago el que, sabiendo que nadie pudo hacer su imagen, se presentó ante los matamorenses para complacer el gran fervor que sentían por él.  
Hasta nuestros días se ha conservado la famosa escultura, producto de las manos puras y castas del mismo Señor Santiago, que se venera fervorosamente en la ciudad de los cañaverales. 
Con el tiempo se ha agregado más a esta leyenda: como que el Señor Santiago lo único que pidió fue agua de este lugar para poder quedarse a trabajar, dicen los más ancianos de este lugar que toda el agua que se toma hace el milagro de ya no dejar ir a todos los viajeros que la prueban. Es por eso que en la actualidad en Izúcar de Matamoros existen habitantes de los diferentes municipios de Puebla y estados de la República y que sabedores los vecinos de esto exclaman: “Todos los que toman agua de Santiaguito se quedan aquí para siempre”.
Al colocar la escultura en el altar mayor de la iglesia, está fue muy grande  para las dimensiones arquitectónicas, razón por la cual, se tuvo que construir una cúpula más.
En la actualidad el Templo es considerado como santuario y la imagen que se venera y cuya devoción se ha extendido por todo México, incluso por el extranjero es reconocida como la escultura en veneración más grande de América Latina.

jueves, 27 de marzo de 2014

Ex Convento de Santo Domingo de Guzmán en Izúcar de Matamoros

Algunos datos históricos del Templo de Santo Domingo
El proceso de construcción del Ex convento de Santo Domingo de Guzmán inició en el mes de marzo del año 1552, proceso dirigido por el dominico Fray Juan de la Cruz y fue terminado en su totalidad en el año 1612, pero desde el 1575 ya había sido abierto al público.
Este templo es el más antiguo que existe actualmente en Izúcar de Matamoros y las poblaciones vecinas.
El material utilizado para su edificación son piedras, las cuales eran transportadas por los pobladores desde los ríos o canteras de la región, y una mezcla denominada argamasa, la cual se componía de huevos de ave crudos, nopales, cal molida, arena, jugo de nopal y agua, pues en ese entonces aún no se conocía el cemento. Se cuenta que los frailes dominicos pedían como limosna a los feligreses algunos de estos elementos de la mezcla.  Las personas que participaban en este proceso no recibían paga alguna.
La mayoría de las construcciones de las diferentes órdenes religiosas en el territorio mexicano eran edificadas sobre templos prehispánicos, lo cual hace pensar en la posibilidad de que el Ex Convento de Santo Domingo de Guzmán fue construido sobre alguna pirámide.
Los retablos del interior del Templo fueron hechos a mano con madera de cedro tallada y estofada de oro, obra de los artesanos de la época.
De todos los ex conventos construidos en México en esa época, el de Santo Domingo es uno de los pocos que hasta nuestros días se encuentra en buenas condiciones.
Un día obscuro
El día 28 de diciembre de 1939, el Ex convento de Santo Domingo de Guzmán sufrió un incendio que casi lo destruyó por completo.
Se cuenta que en aquel día, las campanas del Templo comenzaron alertar a la población, la cual acudió para darse cuenta de lo que sucedía. Al llegar al lugar no podían creer lo que observaban, el Templo que con tanto orgullo habían construido estaba siendo consumido por el fuego.
El siniestro había iniciado en el Altar Mayor y se propagó por los retablos y el Sagrario.
Rápidamente una multitud de personas se reunieron para intentar sofocar al fuego, formando una cadena humana desde la acequia que se encontraba a las orillas del terreno del Ex Convento y con cubetas en mano acarrearon agua con la esperanza de rescatar lo que quedaba de su edificio.
Entre las esculturas que se consumieron por el fuego se encontraba una imagen de Santo Domingo tallada a mano en madera de cedro, los pobladores lograron rescatar algunas esculturas y pinturas.
Al final llegaron los bomberos de la ciudad de Puebla, quienes se encargaron de sofocar por completo el siniestro.
Tiempo después, a la llegada del Párroco Arturo Márquez Aguilar, se iniciaron los trabajos de reconstrucción del Ex convento de Santo Domingo de Guzmán.
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EL TÚNEL DE SANTO DOMINGO
Emilio Velazco Gamboa
En tiempos de la colonia, los ministros de la Santa Iglesia en México realizaron la construcción de dos importantes sedes para evangelizar el valle de Itzocan –que actualmente es la región de Izúcar de Matamoros, al sur del Estado de Puebla: el del Apóstol Santiago y el de Santo Domingo, que originalmente era un convento. En torno a ambos hay muy hermosas y prodigiosas historias. La presente es sólo una de ellas, y ocurrió allá por los años transcurridos entre los de la Revolución Mexicana y los que se vivieron agitados por la Guerra Cristera.
Cuenta mi abuelita que doña Antonia Vergara era la esposa del sacristán del templo, don José Morales, quien, el día que ocurre el prodigio que hoy les cuento, había salido desde muy temprano a atender diversos encargos del señor cura. Cuando esto ocurría, Antonia, que cotidianamente se hacía cargo de la limpieza general, también tenía que dar las campanadas de las doce del día y de las tres de la tarde, pues regularmente don José solía llegar a eso de las seis.
Así, aquella mañana, la buena mujer se entregó a sus tareas, y en el cuarto donde se guardaban los candelabros, los floreros –por cierto, había ido a traer unos para ponerlos en el altar– y otros artículos del templo, vio una laja que había en dicho cuarto. Y aunque siempre estuvo ahí, nunca le llamó la atención como aquel día. Sin pensarlo, se acercó movida por la curiosidad y la levantó tomándola por la argolla.
Para su sorpresa, descubrió que, pese a ser de piedra maciza, no pesaba mucho. Además, era la entrada a lo que parecía ser otro cuarto, pues había una escalera que descendía hacia él. Pero más aún se sorprendió cuando vio que la escalera llevaba a un túnel, y supo que lo era porque una luz blanquecina pero suficiente alumbraba el camino que parecía extenderse bastante.
Así, empezó a andar el túnel en cuestión tras confirmar que la luz, llegada quién sabe de dónde, le permitía ver cosas impresionantes. Por ejemplo, había flores y pasto, pero también osamentas con armaduras españolas –¿serían acaso guardianes a los que nadie vino a relevar jamás de su encargo?, pensó la mujer–. Algunas otras osamentas estaban ataviadas con cadenas de oro y joyas, y conforme más avanzaba, más tesoros descubría. No obstante, respetuosa, no tocó nada. Simplemente veía y caminaba.
Así, Antonia caminó durante un rato, y aunque sabía que el tiempo corría, desestimó la hora pensando que no llevaba mucho ahí. Y como había entrado a eso de las ocho de la mañana, pensó que seguramente ya sería la hora de dar la primera serie de campanadas –las del medio día– que le correspondían cuando su marido se ausentaba, por lo que emprendió el camino de regreso. El túnel, empero, no terminaba ahí: es más, parecía no tener fin, y las riquezas y las osamentas se extendían a sus costados junto con las flores y el pasto.
Cuando estaba a punto de salir escuchó el tañido de la campana y, preocupada, pensó que serían –sin duda– las doce con minutos, pero agradeció que alguien hubiera llegado a dar la llamada del medio día. Sin embargo, la luz era más tenue que cuando bajó por la misteriosa escalera, por lo que creyó que tal vez serían las tres y su marido habría llegado más temprano que de costumbre. Le extrañaba, eso sí, no haber escuchado el primer llamado. ¿Acaso habría recorrido más camino del que creía?
En fin, que al salir vio –efectivamente– a su marido jalar la cuerda que
–a su vez– tiraba del badajo de la campana. Tratando de no llamar mucho la atención con su expresión de sorpresa, se acercó a él y le preguntó si estaría dando el toque de doce o el de tres, pero abrió los ojos como platos al enterarse de que don José estaba llamando a la oración de las seis de la tarde, como se acostumbraba en aquellos tiempos para que la gente, en sus casas o en el templo, rezara el Sagrado Rosario.
Sorprendido y preocupado pero tolerante –pues Antonia no era una mujer dada al chismorreo y, en cambio, era responsable con sus obligaciones–, su marido le preguntó que dónde había estado todo el día. La buena mujer le contó todo aquello que había visto así como la ruta recorrida, misma en la que había perdido la noción del tiempo.
Al ver en el rostro de don José la incredulidad retratada, Antonia lo llevó al cuartito aquel y –para sorpresa de éste– levantó la laja, que suele ser, como ya se dijo, de piedra maciza y, por tanto, demasiado pesada incluso para las fuerzas de un varón de buena constitución física. Pero ya empezaba a oscurecer debido a la hora que era, y el túnel no se veía más iluminado, por lo que no bajó a inspeccionarlo.
Finalmente, el matrimonio bajó la laja, misma que no se volvería a abrir jamás. No obstante, el misterio reside en que ése túnel parece ser parte de una red subterránea que nadie sabe cuándo o cómo fue construida, pero que en la época de la Revolución se usó para esconder a las mujeres del pueblo cada vez que las huestes armadas de uno y de otro caudillo se apostaban en Izúcar, evitando así que trataran de mancillarlas. Ése es el misterio, pues al parecer doña Antonia no lo sabía.
Otras personas cuentan que el túnel de Santo Domingo va a dar al Templo de Santiaguito, y que en otro tramo llega hasta la Iglesia del Calvario que está ubicada en el cerro del mismo nombre, donde –por cierto– está la antigua estación del tren. Hay otras gentes que afirman que los túneles llegan hasta Raboso, pero nada de esto ha sido comprobado, o al menos, no revelado públicamente.
Sin embargo, subsiste la leyenda, misma que se ha ido conservando pese al tiempo, mostrándonos que, aún ante el arca abierta –y no cualquier arca, sino verdaderos tesoros como los que vio doña Antonia–, es mentira que el justo peca.
Mientras tanto, las calaveras que vio la señora Vergara de Morales, continúan cuidando esas riquezas míticas y caminos de misterio que, cuenta la conseja, se abren paso bajo mi Patria Chica, aquella que la excepcional escritora Josefina Esparza Soriano definiera así, dándole no sólo una descripción sino el mejor marco:
Izúcar la cálida, la Heroica ciudad, puede agregar un adjetivo más a su nombre: Legendaria…

La quema de caña y el incremento de enfermedades respiratorias en Izúcar de Matamoros

En un estudio realizado durante el periodo de zafra 2001-2002 por el Instituto Tecnológico de Puebla (ITP) y la Universidad Tecnológica de Izúcar de Matamoros (UTIM), concluyeron que existe una relación aparente entre el incremento de las enfermedades respiratorias y el periodo de zafra.
Para llegar a esta conclusión, analizaron el número de partículas suspendidas existentes en el aire en tres puntos de monitoreo: La Universidad Tecnológica de Izúcar de Matamoros, la zona Centro de Izúcar de Matamoros y el Campo Experimental en Villa Atencingo. En base a los resultados obtenidos, determinaron que la principal fuente de emisión de partículas durante el periodo de zafra es la quema de caña y ésta afecta hasta una distancia de 50 km, alcanzando a la ciudad de Puebla.
Además, este estudio demostró que la contaminación del aire en el centro de Izúcar se incrementa aproximadamente en un 50% durante la época de zafra. La inhalación de este aire contaminado afecta el sistema respiratorio, principalmente el funcionamiento pulmonar, produciendo o agravando enfermedades como la bronquitis, el enfisema pulmonar y el asma bronquial, entre otros.
Durante el año 2003, continuaron midiendo las partículas respirables y al comparar los resultados con datos proporcionados por los centros de salud de Izúcar (IMSS, SSA y el Hospital General) de la frecuencia de enfermedades respiratorias en la población, entre los meses de enero-mayo (con zafra) y junio-julio (sin zafra), determinaron que la presencia del material particulado en el aire, durante estos periodos de tiempo, parece influir en el aumento o disminución de estos padecimientos, como lo refleja la gráfica adjunta a este artículo, extraída de la documentación del estudio. También, observaron que el mes que presentó el mayor grado de contaminación en la región fue marzo. Cabe resaltar que la mayor parte de partículas suspendidas en el aire durante estas fechas está conformada por ceniza preveniente de la quema de caña.
Entre las propuestas con las que concluye este estudio, elaborado por los Maestros Oscar Arroyo Porras, Mayra Ruiz Reyes y el Doctor Enrique Navarro Prometa, se hace referencia al uso de la biomasa cañera como una fuente de alimento para ganado y a la utilidad de la misma en la generación de energía renovable.
Las circunstancias actuales no son muy diferentes a las del año 2002, tiempo en que se inició la elaboración del estudio descrito en líneas anteriores. Hasta hoy en día, la quema de los cultivos de caña, antes del corte del mismo, sigue siendo una práctica común entre los agricultures. Algunos campesinos optan por cosechar sin incendiar los sembradíos, ya que al parecer resulta más redituable; sin embargo, posterior al corte, calcinan los residuos de hojarasca sobrantes. Esta actividad se une a otros factores que contribuyen a la disminución de la calidad del aire de nuestra ciudad, como el incremento del uso de automóviles, la deforestación, la quema de basura y el cambio climático, entre otros.

martes, 25 de marzo de 2014

La explosión en la fábrica de agroquímicos “El Dragón” en Izúcar de Matamoros

El recuento de la tragedia
El 23 de marzo del 2010, aproximadamente a las 10:30 de la noche, los habitantes de Izúcar de Matamoros comenzaron a sufrir los efectos nocivos a la salud por intoxicación al inhalar un agente tóxico que hasta ese momento era desconocido, lo único que reconocían era un fuerte olor a veneno, muy similar al utilizado en los campos agrícolas. Esto encendió las alarmas.
Una de las primeras poblaciones afectadas por el gas tóxico fue la comunidad de Las Bocas, por su cercanía  a la fábrica de agroquímicos denominada Agricultura Nacional S.A. de C.V. ubicada en el kilómetro 5 de la carretera Izúcar de Matamoros-Las Bocas. Los habitantes de esta localidad fueron los primeros en atribuir las causas del fuerte olor a veneno a dicha fábrica, por lo que decidieron alertar a las comunidades vecinas.
Poco más o menos de las 11 de la noche, las autoridades auxiliares de los barrios y colonias de Izúcar, junto con el apoyo de algunos ciudadanos, comenzaron a emitir alertas a través del perifoneo en autos y el repique de las campanas de las iglesias. El mensaje cimbraba a todos: “al parecer ha ocurrido una explosión en la fábrica del Dragón, por lo que es necesario evacuar”. Para esta hora, la nube tóxica cubría buena parte de la ciudad, principalmente los barrios y colonias orientales y sus efectos en la salud en las personas eran cada vez más penetrantes.
Mientras la mayoría de los residentes buscaban salir lo antes posible de la ciudad, autoridades de protección civil y bomberos llagaban a la fábrica para intentar contener el incidente, pero nunca pudieron entrar debido a que los empleados de la empresa les impidieron el paso. Alrededor de las 11:45 pm, el presidente municipal de ese entonces, Rubero Galileo Suárez Matías, llegó a la entrada de la fábrica y solicitó hablar con los directivos para conocer lo que realmente sucedía, sin embargo también fue ignorado.
Llegada la media noche, la situación en la ciudad era de total hermetismo y angustia. Los pobladores continuaban evacuando rumbo a los las regiones de Atlixco, Puebla, Axochiapan y Cuautla, algunos en sus propios autos, otros apoyados por vecinos que tenían camionetas y otras más a pie. Muchas personas optaron por quedarse en el municipio de Tepeojuma a la espera de buenas noticias, otros más se dirigieron a municipios más alejados.
En los primeros minutos del 24 de marzo la nube tóxica cubría casi toda la ciudad, afectando considerablemente a las comunidades de Raboso, Matzaco, San Nicolás Tolentino y Ayutla, mientras tanto las autoridades seguían sin conocer los detalles del incidente y mucho menos la sustancia que se había liberado en el aire.
Aproximadamente a las 00:30 horas, un empleado de la empresa informó a Protección Civil Municipal que 2 recipientes con 130 kilogramos de dimetoato habían explotado en un cuarto de precalentamiento debido a un error humano y que la nube tóxica originada no causaría afectaciones a la población. Inmediatamente después, las autoridades municipales dieron aviso a la habitantes, pero aún con esta información muchos siguieron abandonando la ciudad.
Cerca de la una de la mañana, llegaron funcionarios de Protección Civil del Estado a la fábrica, intentaron acceder a las instalaciones pero los empleados de seguridad de la empresa les negaron el paso. Hasta ese momento, buena parte de la población continuaba alejándose de la ciudad por lo que las carreteras seguían congestionadas. Esta situación se prolongó hasta alrededor de las dos de la mañana.
En la siguiente hora, los habitantes dejaron de evacuar la ciudad paulatinamente, confiando en la información que difundían las autoridades municipales. Algunas personas que horas antes habían salido del municipio, decidieron regresar. Muchas otras prefirieron esperar más tiempo, por lo que pasaron el resto de la noche en albergues habilitados en Atlixco y Tepeojuma.
Al amanecer, la población amaneció intranquila. Algunos pobladores se apostaron a las afueras del “Dragón”, denominación que la mayoría de las personas de la región usa para referirse a esta fábrica de agroquímicos, donde por unos minutos bloquearon el tránsito de vehículos.
Por la tarde del 24 de marzo, los ciudadanos se congregaron en la Presidencia Municipal donde exigieron al alcalde una respuesta y su postura. En su intervención, el edil Rubero Galileo manifestó que la empresa había sido clausurada por el ayuntamiento por carecer de la licencia de funcionamiento y uso de suelo. Después de escuchar el mensaje de quien fuera presidente municipal, los manifestantes decidieron crear una comisión que diera seguimiento a este caso.
La lucha por la reapertura
Después de lo ocurrido la noche del 23 y parte de la madrugada del 24 de marzo del 2010, la población de Izúcar de Matamoros inició una batalla legal y política para clausurar la fábrica Agricultura Nacional S.A. de C.V. dedicada a la formulación, distribución y comercialización de agroquímicos.
Una medida inmediata que realizó en ayuntamiento fue clausurar a esta empresa debido a que no contaba con la licencia de funcionamiento ni la de uso de suelo, la población por su parte, decidió que la entrada principal de la compañía permaneciera custodiada por los vecinos a fin de que nadie pudiera entrar a las instalaciones de la empresa, además decidió crear un comité para dar seguimiento al caso y organizó una serie de marchas.
A partir de aquí, comenzó la pelea jurídica entre el municipio de Izúcar de Matamoros y la empresa Agricultura Nacional, mientras una hacia lo posible para no otorgarle los permisos necesarios para su reapertura, la segunda promovía demandas millonarias, no solo en contra del gobierno municipal, sino también en contra de aquellos considerados como difamadores de la compañía, entre ellos el comité ciudadano y algunos periodistas locales.

Mientras el tiempo de los juicios jurídicos transcurría, cada vez que se llevaba a cabo una sesión de cabildo en el Ayuntamiento Municipal los integrantes del comité ciudadano convocaban a los habitantes a reunirse en la sede del consejo con el fin de manifestar su rechazo a cualquier intento para permitir la reapertura del Dragón. Por su parte, los empleados de Agricultura Nacional y sus familias hacían lo propio, organizaron algunas marchas y manifestaciones donde exigían al gobierno municipal y estatal la reapertura de su fuente de trabajo.
Otra de las acciones del gobierno local fue sufragar un estudio elaborado por el Instituto de Derecho Ambiental A.C. con sede en Guadalajara el cual concluyó, entre otras cosas, lo siguiente: “Agricultura Nacional tiene un cumplimiento ambiental incipiente, que implica inseguridad jurídica y ausencia de certeza técnica, de seguridad industrial y de riesgo en su funcionamiento”. No obstante, este estudio fue descalificado por Agricultura Nacional mientras al mismo tiempo promovía el suyo.
Al paso de los meses y de múltiples marchas y manifestaciones públicas realizadas tanto a favor como en contra de la fábrica, el movimiento ciudadano que se oponía a su reapertura comenzó su desgaste. Cada vez menos gente participada en los mítines, la entrada a la empresa dejó de custodiarse e iniciaron las divisiones dentro del movimiento.
En contraste, Agricultura Nacional se empeñó en limpiar su imagen dañada a través de una enorme campaña publicitaria en distintos medios como el periódico, la radio, la televisión, anuncios espectaculares, volanteo y otros. En cada anuncio se mostraba como una empresa socialmente responsable, generadora de empleos y amigable con el medio ambiente.
Agricultura Nacional realizó los trámites necesarios ante las instancias federales, estatales y locales para poder continuar operando, siendo las últimas quienes resistieron por más tiempo los embates de los abogados de la empresa, quienes después de varias demandas y juicios, lograron conseguir los permisos faltantes, lo cual sucedió a más de un año del origen del problema y a unos cuantos meses del cambio de gobierno municipal, siendo ya presidente el Dr. Carlos Gordillo Ramírez.
Una vez conseguida la licencia de funcionamiento y de uso de suelo, Agricultura Nacional reinició operaciones normalmente, aunque cabe resaltar que a pesar de que los permisos municipales le fueron otorgados hasta mediados del 2011, la fábrica ya operaba desde el mes de Noviembre del 2010, con el aval de PROFEPA.

El dimetoato
Según la información expuesta por Agricultura Nacional y que después fue retomada sin más por las autoridades, la sustancia liberada a la atmosfera en la explosión del 23 de marzo del año 2010 fue dimetoato, una sustancia considerada moderadamente tóxica por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de los Estados Unidos (EE.UU.), aunque algunas organizaciones no gubernamentales como la Red de Pesticidas en Acción de Norteamérica (PANNA) la catalogan como una sustancia altamente tóxica.
El dimetoato es un compuesto organofosforado inhibidor de la colinesterasa, una carecteristica común de los compuestos organofosforados. La colinesterasa es una enzima que facilita la transmisión de los impulsos nerviosos en el cuerpo humano,  su disminución o ausencia causa síntomas de neurotoxicidad como temblores, nauseas, debilidad e incluso la muerte.
El dimetoato es una sustancia que puede ser absorbida a través de la piel. La exposición o inhalación de este compuesto causa síntomas como mareo, sudoración, dificultad respiratoria, náuseas, debilidad, salivación excesiva y calambres; en los ojos origina enrojecimiento y dolor, y si se ingiere ocasiona, además de los mismos síntomas por inhalación, calambres abdominales, convulsiones, diarrea, pérdida del conocimiento y vómito.
El dimetoato está considerado en la categoría C (posible cancerígeno humano) por la EPA de EE.UU. Lo que sugiere que esta sustancia podría causar cáncer, aunque todavía es necesario elaborar estudios que arrojen más datos concluyentes.
Otra sospecha que se tiene del dimetoato es su alteración endocrina, por lo cual, de acuerdo a la información proporcionada por PANNA, el Estado de California en su Proposición 65 considera al dimetoato como parte de la lista de pesticidas causantes de problemas reproductivos y de desarrollo que pueden causar defectos de nacimiento, infertilidad, esterilidad y deterioro del crecimiento, entre otras cosas.
También, el dimetoato forma parte de la lista de compuestos etiquetados como Contaminantes Conocidos del Agua Subterránea del Departamento de Regulación de Pesticidas (DPR) de California, retomando los criterios de este departamento, PANNA considera a este compuesto como un contaminante potencial del agua.
…(continuará)